La explosión del Puerto de Beirut, el colapso del Estado y la renovación de la Nación Libanesa
Por Sergio Jalil
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| La mayor catástrofe en la historia del Líbano |
Hace un año se
produjo una explosión masiva en el Puerto de Beirut equivalente a un movimiento
sísmico de entre 3.3 y 4.5 en la escala de Richter, un daño comparable a una
detonación atómica apenas menor que la de Hiroshima.
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| Crater generado por la explosión |
El resultado fue catastrófico:
§ 219 muertos
§ 6.540 heridos
§ 300.000 personas quedaron en la calle por la destrucción parcial o total de sus viviendas
§ 70.000 personas perdieron su trabajo o medio de sustento
§ 73.000 viviendas dañadas
§ 54.500 comercios arrasados
§ 9.200 edificios con daños que fueron desde estructurales a destrucción de aberturas.
§ 163 escuelas y centros educacionales inhabilitados
§ 106 centros de salud destruidos incluyendo 6 hospitales y 20 clínicas
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| Mapa de los niveles de destrucción en Beirut y alrededores |
Los números
por sí solos describen la magnitud del siniestro, pero lo intolerablemente
alarmante fue la liviandad y desprolijidad de la reacción del gobierno libanés,
tanto para buscar una explicación a lo ocurrido, como para ayudar a las víctimas
y juzgar a los responsables.
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| Macron en Beirut Agosto 2020 |
Hasta la fecha, no hay ningún informe oficial sobre
la investigación, sumado a que los ministros y diputados incriminados con las
áreas de gobierno cuestionadas resisten al pedido de levantar su inmunidad por
parte del juez que indaga el caso.
Sin embargo, gracias
a la ardua labor de la prensa independiente, investigadores privados,
politólogos y organizaciones no gubernamentales se han podido conocer muchos
detalles de cómo llegaron estos explosivos al Líbano, quiénes conocían de su
peligrosidad, y quiénes autorizaron su permanencia o impidieron su retiro, quiénes
controlan el puerto con su inteligencia, personal y poder político. Todo esto
nos permite entender qué ocurrió en el Puerto del Beirut y porqué, a pesar de
su complicada maraña de eventos y decisiones y más allá de que solo una
investigación internacional podría dilucidar la verdad, resulta relativamente
fácil deducir quiénes son los culpables de este desastre.
Las preguntas
clave son: ¿Cómo llegaron estos explosivos al Líbano? ¿Quién era su dueño? ¿Por
qué permanecieron en el Puerto de Beirut este material altamente peligroso por
tanto tiempo? ¿Explotó todo lo
almacenado? ¿Por qué y quiénes están protegiendo a los responsables?
Repasemos
brevemente la historia:
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| Rhosus |
El dueño conocido de Savaro es el ciudadano sirio Georges Haswani, muy cercano a Bashar al-Assad y
habitual proveedores de explosivos y material bélico al gobierno de Damasco y
beneficiario de jugosos negocios directos con el régimen sirio.
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| Georges Haswani |
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| Bashar Al Assad, gobierna siria desde el año 2000 sucediendo a su padre que gobernó desde 1970 |
El supuesto
comprador de esta mercadería, que tendría un valor no superior a los 700.000
dólares, era la Fábrica de Explosivos de Mozambique que declaró no haber pagado
nada por este envío y que, de acuerdo con los términos contractuales (que nunca
fueron revelados públicamente), solo se pagaría al momento de llegada la
mercadería a Mozambique, un mecanismo sospechosamente inusual en el
comercio internacional que habitualmente requiere cartas de crédito, y de operaciones
FOB o CIF o C&F para garantizan la
operación.
Según se desprende
de diferentes declaraciones del capitán del barco, la parada (no programada) en
Beirut se debió a una orden de Savaro que, dado el costo logístico y transporte
de la operación que ascendían a 1 millón de dólares (sugestivamente era un
monto superior al valor de la propia mercadería trasladada), aprovecharían para
subir un equipamiento sísmico especial que estaba en el Líbano para ser llevado
a Jordania de camino a Mozambique con el objeto de “reducir pérdidas”. Esto quiere
decir que Savaro sabía de antemano que la operación comercial era deficitaria y
que podría, de esa manera, justificar la escala “imprevista” en Beirut.
Lo curioso del
caso, es que el Rhosus, además tener capacidad de cargo completa, no contaba
con la infraestructura y para cargar el supuesto equipamiento ni en sus
depósitos ni en su cubierta.
Al llegar al Puerto
de Beirut y ser sometido a la revisión de rigor de buques en escala, se verificó
que el navío no estaba en condiciones de seguridad para continuar su curso y
tuvo que permanecer en el puerto. El
deterioro era tal que no se le permitió dejar su carga abordo por “precaución
ecológica” ante la posibilidad de derrame, y se obligó el desembarco del
material que fue almacenado en un depósito donde había otras sustancias
peligrosas como fuegos artificiales y otros explosivos.
La
tripulación, que según leyes internacionales no tiene permitido abandonar el
barco, inició trámites legales que resultaron en el inusitado permiso dejar el
navío anclado y salir del Líbano sin problemas. Poco tiempo después, el Rhosus
se hundía en el muelle y los explosivos permanecieron en el depósito sin nadie
que lo reclame o se adjudique como propietario.
Savaro, al no
poder continuar con su itinerario y habiendo erogado un millón de dólares, cedió
los derechos de la mercadería y el contrato de venta a un oscuro ciudadano ruso
residente en Chipre, en donde obtuvo el millón de dólares de préstamo del Federal
Bank of Lebanon para realizar la compra. Cabe destacar que el Federal Bank of
Lebanon (incorporado en las Islas Cayman), muy ligado a Irán y a Hizbollah, ya
había tenido problemas de bloqueo de sus operaciones por cuestiones vinculadas
al narcotráfico, terrorismo y contrabando de armas, teniendo que trasladar sus
operaciones primero a Chipre y, posteriormente, a Tanzania.
A partir de
allí, un sinnúmero de advertencias, circunstancias, determinaciones, inacciones
e infinidad de idas y venidas por parte
de las diferentes agencias gubernamentales por las seguridad del puerto,
aduana, el control de sustancias explosivas, ministerios pertinentes y jueces,
permitieron que esos explosivos permanecieran siete años en el Puerto de Beirut
que es, nada menos, que el corazón de la ciudad con zonas residenciales y
comerciales muy próximas a esta bomba de tiempo que, sin dificultad de inferir,
llegó premeditadamente al Líbano y deliberadamente se permitió su
almacenamiento.
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| Nitrato de Amonio en el deposito del Puerto |
La negligencia
es amplia y se extiende a los gobernantes de todo el periodo descripto, los
ministros, políticos y funcionarios involucrados son claramente identificables
y la documentación es suficiente evidencia para determinar su culpabilidad.
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| Berri, Aoun y Hariri |
Hizbollah
permanece en silencio e intenta desvincularse de la responsabilidad o, más bien,
inculpar a todo el arco político auto-exceptuándose, aduciendo que nunca fueron
parte de las decisiones a nivel estatal que llevaron a esta tragedia. Sin
embargo, la realidad fáctica los incrimina y los destaca por la claridad de la
evidencia. Hizbollah es una organización que sistemáticamente viola y priva al
país de su soberanía por medio de su fuerza paramilitar, quienes no solo
controlan las fronteras con los dos países limítrofes, sino que deciden cuándo
ir a la guerra o mantener paz, aliarse o enfrentarse con los regímenes
regionales y participar en guerras ajenas.
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| Hizbollah indiferenciable de Iran |
La utilización de nitrato de amonio no es extraña en las preferencias de Hizbollah, ya que al ser com comúnmente utilizado en las industrias de agricultura (como fertilizante) y en la minería (con mayor porcentual de nitrato es lo que la potencia explosiva), es mas fácil de comercializar y transportar, especialmente cuando esta organización tiene bloqueado el acceso a material bélico por embargos internacionales y minucioso seguimiento de sus movimientos financieros por ser considerada una organización terrorista en muchos países del mundo.
Ya por el 2009 Hizbollah intentó interferir en el Ministerio de Agricultura del Líbano para facilitar la importación de nitrato de amonio desde Homs (Siria) y en el 2016 y 2017, Hassan Nasrallah, líder de Hizbollah, hizo referencia a la propia “autocontención” del uso de esa sustancia explosiva en su guerra contra Israel, pero que no descartaba considerar un mecanismo por el cual podrían hacer volar el puerto de Haifa simplemente provocando un incendio cerca del nitrato de amonio que Israel tiene almacenado allí y cuyo efecto seria comparable con el de una explosión atómica.
Todo esto prueba que Hizbollah conocía muy bien los riesgos y la potencialidad destructiva de este material que estaba en el puerto de Beirut.
Ante esta realidad, adquieren relevancia los informes del FBI y la seguridad francesa, con la que concuerdan los investigadores libaneses que analizaron conjuntamente la explosión poco tiempo después del siniestro, quienes determinaron que la cantidad estimada de nitrato de amonio consistente con el tamaño de la detonación, serían no más de 550 toneladas, con lo cual se desconoce que pasó con las 2.200 toneladas faltantes: ¿habrían sido sacadas antes? ¿podrían haberse transportado a Siria, en donde el gobierno de al-Assad utilizó frecuentemente desde 2013 el nitrato de amonio en la demolición de mezquitas, escuelas, hospitales y viviendas donde habitaban rebeldes? (recordemos que, según el régimen sirio, todo el que no apoya al gobierno es considerado “rebelde”).
Lo cierto es
que más allá de la incompetencia, organización mafiosa y corrupción en el Puerto
de Beirut en que un amplio espectro político tiene intereses, Hizbollah es
quien efectivamente lo controla y tiene el poder para imponer su voluntad y
decisiones, y por ello requiere de un análisis particular.
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| Gebran Bassil recibiendo un obsequio de Hizbollajh |
Hizbollah y la
clase política tienen una formidable limitación: el pueblo libanés, que percibe
que esta explosión fue criminal, la implosión del sistema y la clara revelación
de los actos de los responsables tanto de quienes trajeron los explosivos como
quienes permitieron su permanencia en el Líbano.
Esta es la verdadera oposición al gobierno a su controlante y a la clase política dominante. En un país en el que hace poco mas de 100 años se creaba un estado que algunos cuestionaron, que sufrió los embates de los conflictos regionales, las presiones integracionistas del Egipto de Nasser, la agresión siria de los al-Assad, del atropello de las milicias palestinas y de las brutales invasiones israelíes, el germen del Líbano como Nación multicultural de coexistencia de religiones, libertad individual pluralismo y diversidad, se mantuvo vivo pese a las dificultades y vicisitudes. Esto se volvió aún más irreversible cuando millones de manifestantes libaneses forzaron el retiro del ejercito de ocupación sirio en 2005, lo cual se vio en las calles nuevamente con las manifestaciones de 2015, y tras la crisis de 2019.
Esta noción de
coexistencia donde las personas no son calificadas por su pertenencia
confesional sino por su condición de ciudadano con igualdad de derechos, hoy se
muestra más viva que nunca. El rechazo al sectarismo, a la intromisión
extranjera, a la corrupción y al clientelismo es tan fuerte como el deseo de
transformar al estado libanés rescatando su identidad nacional, reformando las
estructuras obsoletas e inadecuadas, y colocando al ser humano por encima de
todo.
Este es el Líbano
que está emergiendo de los escombros del puerto y de los estragos causados por
la clase política fracasada, fallida y mafiosa. Es la hora de los libaneses, es
la hora de la renovación nacional, es la única y última esperanza.
[1] El consocionalismo es considerado un sistema de democracia practicado en sociedades segmentadas o divididas por razones raciales, étnicas, religiosas, lingüísticas, en muchos casos produce condiciones no propicias para el desarrollo de una democracia igualitaria. Esta situación cuando se desvirtúa de sus principios y objetivos elementales, lleva a las élites de estas minorías a compartir los poderes de manera fragmentada.












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