La explosión del Puerto de Beirut, el colapso del Estado y la renovación de la Nación Libanesa

 Por Sergio Jalil

La mayor catástrofe en la historia del Líbano 

            Hace un año se produjo una explosión masiva en el Puerto de Beirut equivalente a un movimiento sísmico de entre 3.3 y 4.5 en la escala de Richter, un daño comparable a una detonación atómica apenas menor que la de Hiroshima.

 

Crater generado por la explosión


                    La horrible tragedia, absolutamente evitable, ocurrió en medio de la pandemia provocada por el Covid-19, pero más significativo aun, sucedió en medio de las múltiples e interconectadas crisis social, económica, fiscal, financiera y política que venía sufriendo el Líbano desde hacía poco menos de un año, agravando la delicada y frágil situación del país.




    El resultado fue catastrófico:

 

§  219 muertos

§  6.540 heridos

§  300.000 personas quedaron en la calle por la destrucción parcial o total de sus viviendas

§  70.000 personas perdieron su trabajo o medio de sustento

§  73.000 viviendas dañadas

§  54.500 comercios arrasados

§  9.200 edificios con daños que fueron desde estructurales a destrucción de aberturas.

§  163 escuelas y centros educacionales inhabilitados

§  106 centros de salud destruidos incluyendo 6 hospitales y 20 clínicas

(datos compilados de Agence Press France, ONU, Gobierno de la ciudad de Beirut, US Geological Survey, Lebanese National News Agency 2020 - 2021) 

Mapa de los niveles de destrucción en Beirut y alrededores 



                    Los números por sí solos describen la magnitud del siniestro, pero lo intolerablemente alarmante fue la liviandad y desprolijidad de la reacción del gobierno libanés, tanto para buscar una explicación a lo ocurrido, como para ayudar a las víctimas y juzgar a los responsables.

 

Macron en Beirut Agosto 2020
                    El primer político que se acercó al lugar del incidente y dialogó con los vecinos no fue precisamente libanés, sino francés: Emmanuel Macron, presidente de Francia, quien llegó al Líbano a ofrecer ayuda humanitaria y en la investigación del incidente, mientras la clase política libanesa estaba escondida y tramando cómo deslindar su responsabilidad y promover el inculpamiento de funcionarios menores para resguardar a los verdaderos autores de esta negligencia criminal deliberada y premeditada. 

                Hasta la fecha, no hay ningún informe oficial sobre la investigación, sumado a que los ministros y diputados incriminados con las áreas de gobierno cuestionadas resisten al pedido de levantar su inmunidad por parte del juez que indaga el caso.

 

                Sin embargo, gracias a la ardua labor de la prensa independiente, investigadores privados, politólogos y organizaciones no gubernamentales se han podido conocer muchos detalles de cómo llegaron estos explosivos al Líbano, quiénes conocían de su peligrosidad, y quiénes autorizaron su permanencia o impidieron su retiro, quiénes controlan el puerto con su inteligencia, personal y poder político. Todo esto nos permite entender qué ocurrió en el Puerto del Beirut y porqué, a pesar de su complicada maraña de eventos y decisiones y más allá de que solo una investigación internacional podría dilucidar la verdad, resulta relativamente fácil deducir quiénes son los culpables de este desastre.

 

                Las preguntas clave son: ¿Cómo llegaron estos explosivos al Líbano? ¿Quién era su dueño? ¿Por qué permanecieron en el Puerto de Beirut este material altamente peligroso por tanto tiempo?  ¿Explotó todo lo almacenado? ¿Por qué y quiénes están protegiendo a los responsables?

 

    Repasemos brevemente la historia:

 

Rhosus
                    En noviembre de 2013, el navío Rhosus, de bandera Moldova, llegó al puerto de Beirut proveniente de Georgia, transportando 2.750 toneladas de nitrato de amonio, normalmente utilizado como explosivo en la industria minera. Este barco, capitaneado y tripulado por ciudadanos rusos, según los registros, era propiedad de una compañía registrada en Panamá, pero que en realidad había sido alquilado a una sociedad de las Islas Marshall para realizar el transporte de ese material hacia Mozambique. La intermediación de toda esta operación fue cuidadosamente organizada por la empresa Savaro con oficinas en Reino Unido y Ucrania, cuyo director ruso se domicilia en Chipre. Una verdadera maraña de actores, países de jurisdicciones poco transparentes que parece haber sido organizado de manera deliberada por quienes se especializan y conocen bien las sofisticadas prácticas y maniobras de contrabandistas, traficantes de armas y drogas, y organizaciones terroristas que deben operar por fuera de los canales transparentes, legales y seguros.

 



                El dueño conocido de Savaro es el ciudadano sirio Georges Haswani, muy cercano a Bashar al-Assad y habitual proveedores de explosivos y material bélico al gobierno de Damasco y beneficiario de jugosos negocios directos con el régimen sirio.

 

Georges Haswani
Bashar Al Assad,  gobierna siria desde el año 2000 sucediendo a su padre que gobernó desde 1970



                El supuesto comprador de esta mercadería, que tendría un valor no superior a los 700.000 dólares, era la Fábrica de Explosivos de Mozambique que declaró no haber pagado nada por este envío y que, de acuerdo con los términos contractuales (que nunca fueron revelados públicamente), solo se pagaría al momento de llegada la mercadería a Mozambique, un mecanismo sospechosamente inusual en el comercio internacional que habitualmente requiere cartas de crédito, y de operaciones FOB o CIF o  C&F para garantizan la operación.

 

                Según se desprende de diferentes declaraciones del capitán del barco, la parada (no programada) en Beirut se debió a una orden de Savaro que, dado el costo logístico y transporte de la operación que ascendían a 1 millón de dólares (sugestivamente era un monto superior al valor de la propia mercadería trasladada), aprovecharían para subir un equipamiento sísmico especial que estaba en el Líbano para ser llevado a Jordania de camino a Mozambique con el objeto de “reducir pérdidas”. Esto quiere decir que Savaro sabía de antemano que la operación comercial era deficitaria y que podría, de esa manera, justificar la escala “imprevista” en Beirut.

                   Lo curioso del caso, es que el Rhosus, además tener capacidad de cargo completa, no contaba con la infraestructura y para cargar el supuesto equipamiento ni en sus depósitos ni en su cubierta.

 

                        Al llegar al Puerto de Beirut y ser sometido a la revisión de rigor de buques en escala, se verificó que el navío no estaba en condiciones de seguridad para continuar su curso y tuvo que permanecer en el puerto.  El deterioro era tal que no se le permitió dejar su carga abordo por “precaución ecológica” ante la posibilidad de derrame, y se obligó el desembarco del material que fue almacenado en un depósito donde había otras sustancias peligrosas como fuegos artificiales y otros explosivos.

 

                    La tripulación, que según leyes internacionales no tiene permitido abandonar el barco, inició trámites legales que resultaron en el inusitado permiso dejar el navío anclado y salir del Líbano sin problemas. Poco tiempo después, el Rhosus se hundía en el muelle y los explosivos permanecieron en el depósito sin nadie que lo reclame o se adjudique como propietario.

 

                    Savaro, al no poder continuar con su itinerario y habiendo erogado un millón de dólares, cedió los derechos de la mercadería y el contrato de venta a un oscuro ciudadano ruso residente en Chipre, en donde obtuvo el millón de dólares de préstamo del Federal Bank of Lebanon para realizar la compra. Cabe destacar que el Federal Bank of Lebanon (incorporado en las Islas Cayman), muy ligado a Irán y a Hizbollah, ya había tenido problemas de bloqueo de sus operaciones por cuestiones vinculadas al narcotráfico, terrorismo y contrabando de armas, teniendo que trasladar sus operaciones primero a Chipre y, posteriormente, a Tanzania.

 

                    A partir de allí, un sinnúmero de advertencias, circunstancias, determinaciones, inacciones e infinidad de idas y venidas  por parte de las diferentes agencias gubernamentales por las seguridad del puerto, aduana, el control de sustancias explosivas, ministerios pertinentes y jueces, permitieron que esos explosivos permanecieran siete años en el Puerto de Beirut que es, nada menos, que el corazón de la ciudad con zonas residenciales y comerciales muy próximas a esta bomba de tiempo que, sin dificultad de inferir, llegó premeditadamente al Líbano y deliberadamente se permitió su almacenamiento.

 

Nitrato de Amonio en el deposito del Puerto

                    La negligencia es amplia y se extiende a los gobernantes de todo el periodo descripto, los ministros, políticos y funcionarios involucrados son claramente identificables y la documentación es suficiente evidencia para determinar su culpabilidad.

 

Berri, Aoun y Hariri
                    El sistema político libanés, que desde 1990 dejó de ser un consocionalismo[1] político confesional, para convertirse en una sociedad de hecho en la que los gobernantes (antiguos jefes de milicia durante la guerra 1975-1990) se reparten el poder político y el control de las diferentes áreas de gobierno para mantener su estructura de corrupción permitiéndoles mantener el clientelismo sectario y su sostenimiento en el poder. Formalmente, los partidos políticos son rivales y se disputan la representación parlamentaria, pero en realidad pugnan por el “reparto” de la torta fiscal cada vez más pequeña como resultado de décadas de dilapidación de recursos del estado y vaciamiento del sistema financiero para mantenerlo. Informalmente, son socios en la protección de sus intereses prerrogativas que les permite a todos en su conjunto sostener su impunidad y permanencia en el control conjunto del gobierno, esto quiere decir que, si cae uno, caen todos y esto explica la protección mutua y coordinada.


                    Hizbollah permanece en silencio e intenta desvincularse de la responsabilidad o, más bien, inculpar a todo el arco político auto-exceptuándose, aduciendo que nunca fueron parte de las decisiones a nivel estatal que llevaron a esta tragedia. Sin embargo, la realidad fáctica los incrimina y los destaca por la claridad de la evidencia. Hizbollah es una organización que sistemáticamente viola y priva al país de su soberanía por medio de su fuerza paramilitar, quienes no solo controlan las fronteras con los dos países limítrofes, sino que deciden cuándo ir a la guerra o mantener paz, aliarse o enfrentarse con los regímenes regionales y participar en guerras ajenas.

 

Hizbollah indiferenciable de Iran 
                    Hizbollah se ha especializado desde su nacimiento en el tráfico de armas, drogas y la manera estructural utilizando el sistema superpuesto de jurisdicciones y empresas fantasmas o empresarios ocultos y directores disfrazados. Esta organización, que  mucho más que un partido político es más bien una superestructura paraestatal con sistemas de inteligencia, seguridad, organización militar y política exterior e interior totalmente dependiente de las decisiones que se toman en el seno de la Guardia Revolucionaria Iraní; tiene fuertes vínculos con el régimen de Bashar al-Assad en Siria ya que fue su sostén y razón de supervivencia durante la guerra en ese país que dejó a más del 60% de la población como refugiados dentro y fuera del país.

                La utilización de nitrato de amonio no es extraña en las preferencias de Hizbollah, ya que al ser com   comúnmente utilizado en las industrias de agricultura (como fertilizante) y en la minería (con mayor porcentual de nitrato es lo que la potencia explosiva), es mas fácil de comercializar y transportar, especialmente cuando esta organización tiene bloqueado el acceso a material bélico por embargos internacionales y minucioso seguimiento de sus movimientos financieros por ser considerada una organización terrorista en muchos países del mundo.

                Ya por el 2009 Hizbollah intentó interferir en el Ministerio de Agricultura del Líbano para facilitar la importación de nitrato de amonio desde Homs (Siria) y en el 2016 y 2017, Hassan Nasrallah, líder de Hizbollah, hizo referencia a la propia “autocontención” del uso de esa sustancia explosiva en su guerra contra Israel, pero que no descartaba considerar un mecanismo por el cual podrían hacer volar el puerto de Haifa simplemente provocando un incendio cerca del nitrato de amonio que Israel tiene almacenado allí y cuyo efecto seria comparable con el de una explosión atómica.

                    Todo esto prueba que Hizbollah conocía muy bien los riesgos y la potencialidad destructiva de este material que estaba en el puerto de Beirut. 

                    Ante esta realidad, adquieren relevancia los informes del FBI y la seguridad francesa, con la que concuerdan los investigadores libaneses que analizaron conjuntamente la explosión poco tiempo después del siniestro, quienes determinaron que la cantidad estimada de nitrato de amonio consistente con el tamaño de la detonación, serían no más de 550 toneladas, con lo cual se desconoce que pasó con las 2.200 toneladas faltantes: ¿habrían sido sacadas antes? ¿podrían haberse transportado a Siria, en donde el gobierno de al-Assad utilizó frecuentemente desde 2013 el nitrato de amonio en la demolición de mezquitas, escuelas, hospitales y viviendas donde habitaban rebeldes? (recordemos que, según el régimen sirio, todo el que no apoya al gobierno es considerado “rebelde”).

 

                    Lo cierto es que más allá de la incompetencia, organización mafiosa y corrupción en el Puerto de Beirut en que un amplio espectro político tiene intereses, Hizbollah es quien efectivamente lo controla y tiene el poder para imponer su voluntad y decisiones, y por ello requiere de un análisis particular.



Gebran Bassil recibiendo un obsequio de Hizbollajh 
                        Hizbollah es el único partido político que en un documento público de 1985, proclama la intención  de destruir el sistema político libanés y por las bases mismas de la Nacion, para instalar una República Islámica con el modelo iraní. Si bien es cierto que después de eso emitió otros documentos y participa actualmente en el gobierno, jamás ha renuncio a sus objetivos declarados y es sugestivo como en la elección del ultimo presidente de la República dejó en claro que el presidente sería su socio político Michel Aoun o el caos. De manera semejante, acciona por medio de su aliado Gebran Bassil en la exasperante formación de gobierno, exigiendo el derecho a veto y, de esa manera, condicionando la formación del gobierno. Sus actitudes y acciones totalitarias y los “inexplicados” asesinatos de sus opositores o rivales políticos, de manera muy semejante como ocurría cuando el país estaba bajo la ocupación siria, son claro ejemplo de que no hay límite para el cumplimiento de sus objetivos de corto, mediano y largo plazo. Hizbollah es una fuerza superior a la del estado y ejerce su poder cuando lo necesita y le sirve a sus intereses. El estado libanés, en toda su estructura es el rehén de Hizbollah.

 

                        Hizbollah y la clase política tienen una formidable limitación: el pueblo libanés, que percibe que esta explosión fue criminal, la implosión del sistema y la clara revelación de los actos de los responsables tanto de quienes trajeron los explosivos como quienes permitieron su permanencia en el Líbano.

 



                            Esta es la verdadera oposición al gobierno a su controlante y a la clase política dominante. En un país en el que hace poco mas de 100 años se creaba un estado que algunos cuestionaron, que sufrió los embates de los conflictos regionales, las presiones integracionistas del Egipto de Nasser, la agresión siria de los al-Assad, del atropello de las milicias palestinas y de las brutales invasiones israelíes, el germen del Líbano como Nación multicultural de coexistencia de religiones, libertad individual  pluralismo y diversidad, se mantuvo vivo pese a las dificultades y vicisitudes. Esto se volvió aún más irreversible cuando millones de manifestantes libaneses forzaron el retiro del ejercito de ocupación sirio en 2005, lo cual se vio en las calles nuevamente con las manifestaciones de 2015, y tras la crisis de 2019.


  

                            Esta noción de coexistencia donde las personas no son calificadas por su pertenencia confesional sino por su condición de ciudadano con igualdad de derechos, hoy se muestra más viva que nunca. El rechazo al sectarismo, a la intromisión extranjera, a la corrupción y al clientelismo es tan fuerte como el deseo de transformar al estado libanés rescatando su identidad nacional, reformando las estructuras obsoletas e inadecuadas, y colocando al ser humano por encima de todo.

 

                            Este es el Líbano que está emergiendo de los escombros del puerto y de los estragos causados por la clase política fracasada, fallida y mafiosa. Es la hora de los libaneses, es la hora de la renovación nacional, es la única y última esperanza.



[1] El consocionalismo es considerado un sistema de democracia practicado en sociedades segmentadas o divididas por razones raciales, étnicas, religiosas, lingüísticas, en muchos casos produce condiciones no propicias para el desarrollo de una democracia igualitaria. Esta situación cuando se desvirtúa de sus principios y objetivos elementales,  lleva a las élites de estas minorías a compartir los poderes de manera fragmentada.





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